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El Plan IV: el Modelo California

Hace ya más de 20 años, asistía yo a las clases de Estructura económica de España del profesor Juan Velarde Fuertes, uno de los grandes eruditos sobre economía que ha dado este país. Nacido en 1927, recuerdo perfectamente como ya entonces me parecía una persona muy mayor. Estaba sin embargo dotado de una energía y una pasión desbordantes, que le hacían inmune al deprimente espectáculo de los escasos quince o veinte estudiantes que solíamos asistir a sus clases. Sin duda, esa misma energía es la que le permite, en la actualidad, a la altura de sus ochenta y muchos años, seguir apareciendo con vitalidad inusitada en periódicos, tertulias, revistas y academias varias. Un ciclón, vaya.

Fue a Juan Velarde a quien escuché por primera vez una idea que me ha acompañado desde entonces, y que apenas he vuelto a ver reproducida en el debate económico y político. Afirmaba lo siguiente: nuestro país había tenido éxito en aplicar lo que denominaba el “modelo florida”, es decir, había logrado convertirse en destino de vacaciones de nuestros vecinos europeos y en muchos casos también, en residencia habitual de esos mismos vecinos del Norte cuando alcanzaban su ansiada jubilación. En buena medida nuestro milagro económico de los años 60 y 70 se fundamentó en el éxito de esta especialización productiva. Leer Más…

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El Plan II: colocando la cabeza en “modo inversión”.

El joven que se matricula en un curso de fotografía profesional no pretende resolver con ello sus necesidades económicas actuales. Se está apuntando a un curso de, pongamos, dos años de duración. Sabe además que, cuando termine, necesitará aún más tiempo hasta que logre consolidar su carrera profesional. Con suerte, pasarán cinco o seis años antes de que pueda vivir de la decisión que está tomando hoy. Durante todo ese tiempo no podrá ganarse la vida con la fotografía, no podrá irse de vacaciones, ni independizarse, ni comprarse una moto. Leer Más…

Tenemos que tener un plan

EL PLAN

De acuerdo con el protocolo anti crisis que manejan los políticos y economistas actuales para enfrentar los problemas económicos, el tratamiento uno, con el que hay que empezar, es el de las llamadas políticas de demanda keynesianas. El sector público gasta más y recauda menos, y los bancos centrales bajan los tipos de interés para, con todo ello, relanzar la demanda de la economía, minimizando así el impacto en el empleo. Si funciona, la crisis pasa sin excesivo sufrimiento entre la ciudadanía, porque las condiciones de vida, la forma de hacer las cosas apenas cambian (y, de paso, y gracias a ello, el partido en el gobierno tiene muchas posibilidades de ser reelegido).

Pero, como sucede con la crisis actual, a veces se gasta toda la munición keynesiana y las cosas siguen igual. Entonces, como si de los cuatro jinetes del apocalipsis se tratara, toman el relevo las otras políticas, las de oferta,  también conocidas como reformas estructurales. Empezamos a hablar entonces de trabajar más y cobrar menos, de pagar por servicios públicos que antes eran gratuitos, de retrasar la edad de jubilación, de que el despido sea más barato, de la liberalización comercial y un largo etcétera. Por una parte, se nos dice que no hay más remedio porque hay que ajustar los gastos a los menores ingresos. Y por otra, que hay que dar instrumentos a las empresas para que puedan competir en este mundo cada vez más globalizado. En resumen, se trata de que sean las empresas las que tiren de la economía (contratando personal porque es barato) y no lo consumidores (comprando porque ponemos dinero en sus bolsillos).

Pero resulta que estas políticas de austeridad tampoco resuelven nada, al menos en el corto plazo. Las familias que ven reducidos derechos y salarios dejan de consumir y sin consumo las empresas no contratan tampoco porque no venden. Así que van pasando los años de la crisis y nos encontramos con un debate que se va haciendo cada vez más ideológico y menos científico. La profesión económica va dividiéndose entre los que defienden una nueva ronda de medidas keynesianas, frente a los que defienden que la austeridad y las reformas estructurales constituyen la única solución duradera ala crisis. Yen medio, los demás, conteniendo la respiración.

Los que hayan escuchado/leído las Píldoras contra la crisis anteriores, sabrán que la razón de todo esto, de escribir y de hacer videos, es simplemente mi rebelión contra este estado general de impotencia en el que nos encontramos, y que, como vemos, alcanza tanto a los que están arriba, como a los que estamos abajo. Leer Más…

BCE: Prestar a los bancos al 1%

Esta pasada semana hemos asistido a un nuevo capítulo de la serie de moda: “El culebrón del euro”. En esta ocasión, el protagonista indiscutible ha sido el primer ministro británico David Cameron, que ha sido “expulsado” de la casa común europea (autoexpulsado dirían algunos), por negarse a firmar el germen de un nuevo Tratado, con el que  se pretende poner fin a los déficit públicos en Europa. Reino Unido se ha quedado fuera, no porque tuviera un diagnóstico alternativo de la crisis, una estrategia distinta para afrontar los problemas actuales. Simplemente se negó a firmar por defender a la City londinense (uno de los mayores mercados financieros del mundo) frente a las pretensiones regulatorias europeas.

Todos deberíamos saber ya que de lo que tratan los Consejos europeos (o, mejor dicho, las reuniones entre Angela Merkel y su vice primer ministro Nicholas Sarkozy, que son las que realmente cuentan) es de diseñar los instrumentos para enfrentar la próxima crisis. La próxima, no ésta. Lo que se pretende con los nuevos acuerdos es que, cuando vuelvan los problemas de deuda (en 2020 por ejemplo), producto del pinchazo (por supuesto imprevisible) de la siguiente burbuja de activos, tendremos la estructura institucional adecuada para actuar con eficacia. O lo que es lo mismo, los Estados estarán menos endeudados y podrán así acudir con más recursos al rescate de los bancos.

No nos engañemos, los líderes europeos se reúnen para construir Europa desde unas bases más sólidas. Y lo mejor para acceder a las bases de algo, es que lo que esté encima se queme antes del todo. La crisis actual, la que llevamos padeciendo desde 2007, por lo tanto, no está realmente enla agenda. La pérdida de bienestar de la sociedad llegará hasta donde tenga que llegar, como en las crisis de antaño. Se ha perdido la cosecha, se está quemando el granero y no hay nada que podamos hacer, sólo apretarse el cinturón.

Pero, si los políticos europeos no están al timón de este barco que naufraga, ¿quién está entonces al cargo de gestionar el día a día? ¿Hay alguien enfrentando las olas? Sí. Hay alguien. Ocupando el puesto del capitán (a la fuerza, eso sí) está el Banco Central Europeo. El único que se afana en achicar el agua que entra por todas partes, el único que se ocupa de evitar que todo salte por los aires mañana mismo, es MarioDraghi, el reciente sucesor de Jean Claude Trichet en la tarea de bombero de guardia.

¿Y hubo alguna noticia relevante la semana pasada en relación con las medidas del Banco Central Europeo? Porque con el desfile de secundarios enla Cumbre Europea, y el desaire de Sarkozy a Cameron, la opinión pública prestó poca atención a las decisiones del BCE. Siguiendo con la metáfora, todos los focos estuvieron concentrados en cómo nos preparamos para la crisis de 2020, dejando pobremente iluminado el escenario donde nos jugamos la partida hoy.

Y efectivamente, el día 8 de diciembre (es decir, un día antes del Consejo europeo), el BCE aprobó medidas absolutamente extraordinarias de apoyo al sistema bancario europeo. En concreto, la concesión de préstamos a un plazo excepcionalmente largo, 36 meses[1], sin límite de cantidad (los bancos pueden pedir lo que quieran) y además pudiendo ofrecer como garantía prácticamente cualquier activo[2]. ¿Y a qué tipo de interés? Eso es casi lo mejor: al UNO POR CIENTO. Leer Más…

Do you speak english?

En 2006, la Comisión Europea publicó un eurobarómetro especial dedicado al dominio de idiomas en los distintos países europeos. Gracias a él pudimos conocer, entre otras cosas, las diferencias existentes respecto al conocimiento del inglés, la lingua franca de todo tipo de intercambios internacionales (al menos hasta que el chino ocupe su lugar, quizá por 2050).

En el siguiente gráfico hemos recogido los datos correspondientes a la UE15, los países más veteranos y desarrollados de la Unión Europea, con excepción, lógicamente, de Reino Unido e Irlanda.  ¿Dónde diría que se encuentra España? Leer Más…

Trabajar en el extranjero: la mejor inversión

Con una tasa de desempleo que duplica a la media europea y cinco millones de parados, cada día son más los jóvenes (y no tan jóvenes) que se plantean abandonar nuestro país en busca de algún futuro.

Siendo esto así, no son pocas las columnas de opinión y las cartas al director en las que se denuncia el absoluto desperdicio de recursos que va a suponer para nuestro país tamaña diáspora. Con lo que hemos invertido en la formación de todos esos licenciados e ingenieros emigrantes, para que ahora se aprovechen gratis las empresas brasileñas o alemanas. En los 50 tomaban el tren campesinos con maletas de cartón, pero es que ahora se está yendo la generación más formada.

Cuando escucho este lamento me dan siempre ganas de unirme al coro y reforzar la barricada. Todo por evitar el expolio. Claro que sí, me digo, lo que hay que hacer es llevar de la mano hasta las oficinas del INEM a cada uno de esos titulados, buscarles un empleo y ponerles a trabajar, y así todo el valor que atesora su formación se quedará en nuestro país colaborando a nuestro desarrollo.

Pero, claro, las cosas no funcionan así, ¿verdad? Leer Más…

Una inmobiliaria europea

¿La solución?

Vender los pisos vacíos a ciudadanos extranjeros; que la deuda la tenga ellos …

Las cifras varían según las fuentes. Pero la que más se repite, quizá por aquello de que se trata de un número redondo, es la del millón de pisos nuevos sin vender.

El pinchazo de nuestra economía fue fundamentalmente un problema del sector  inmobiliario. No sabemos ya cuántas veces hemos escuchado aquello de que en España se estaban construyendo al año más pisos que en Reino Unido, Francia y Alemania a la vez. Ahora nos parece una auténtica locura, pero de verdad que ya lo era en los años de boom. Era imposible que hubiera compradores para todas y así se explica que en este infantil juego de las sillas, nos quedáramos al final con un millón de casas colgadas.

Todos sabemos que si se vendieran todos esos pisos, España dejaría de estar en crisis. Así de sencillo. Si consiguiéramos colocar el stock de viviendas nuevas, el sector de la construcción volvería a construir y los bancos volverían a prestar. Espero que en esta ocasión de forma sensata (aunque no tenemos ninguna garantía de ello),  pero los sectores que actualmente actúan como lastre de nuestro crecimiento dejarían de ser un freno y la economía comenzaría a crecer. Leer Más…