De lo que Merkel no quiere hablar

El 25 de abril de 2003 la reunión del Ecofin, el Consejo de Ministros de economía dela Unión Europea, se presentaba especialmente tensa. En el orden del día se incluía la propuesta de la Comisión de iniciar el procedimiento sancionador contemplado en los tratados contra Alemania y Francia por incumplir el Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Quizá algunos recuerden la historia y sepan por tanto que, finalmente, el Ecofin no aprobó la propuesta de sanción contra estos dos países; y también sepan la razón de que no se aprobara: simplemente……. porque Francia y Alemania se negaron a ello. Ahora lo explicaremos todo mejor, para que se entienda la trascendencia de lo que sucedió en aquel no tan lejano 23 de abril de 2003. Por el momento, basta con que nos quedemos con una idea: Alemania y Francia, los países que han dirigido con mano de hierro la estrategia de salida en la crisis del euro (al menos hasta el triunfo de Hollande) y que lo han hecho de forma tan rígida, escogieron sin embargo en 2003 la política económica que más les convenía, sin que la opinión del resto de países contara en absoluto.

Cuando Alemania se muestra inflexible ante el sufrimiento de Grecia, Portugal, Irlanda o España; cuando es evidente que la estrategia de austeridad sobre austeridad no funciona en absoluto; cuando el sentido común (mucho más útil en esta coyuntura que la ciencia económica) nos dice que para devolver lo que nos prestaron tenemos antes que generar ingresos; cuando sucede todo esto, es importante recordar la verdad de la historia reciente dela Unión Europea, de un proyecto construido, fundamentalmente, a la medida de las necesidades coyunturales de Alemania. Con la crisis del Pacto de Estabilidad y Crecimiento en 2003 esta realidad se hizo explícita, pero no fue un caso aislado, como veremos a continuación.

Primera prueba de cargo: La crisis del Pacto de Estabilidad y Crecimiento

El origen del llamado Pacto de Estabilidad y Crecimiento (en adelante, PEC) hay que buscarlo en el Consejo europeo de Madrid de noviembre de 1995. Fue entonces cuando el Ministro de Finanzas alemán Theo Waigel mostró su preocupación ante el riesgo de que el euro se pudiera romper por la indisciplina fiscal de los países que iban a compartir moneda cuatro años después. Alemania no se fiaba de que determinados países, que estaban haciendo un enorme esfuerzo para cumplir con los requisitos que exigía su ingreso en el euro, no se relajaran una vez logrado el objetivo. Con el PEC, aprobado finalmente en el ECOFIN de Amsterdam en junio de 1997, esa posibilidad se hacía más remota, pues a partir de entonces los países de la zona euro se obligaban a mantener su cifra de déficit público por debajo del 3 por ciento del PIB, salvo circunstancias excepcionalísimas.

Pues bien, aunque hubo antecedentes de poca importancia con otros países, el primer quebrantamiento grave del Pacto tuvo como sorprendente protagonista a  Alemania, la Alemania de Theo Waigel, la guardiana de la ortodoxia yla disciplina. Asíse observa en el cuadro siguiente, donde los países centrales de Europa, Francia y Alemania muestran cifras de déficit público superior al 3 por ciento en 2002, y, en el caso de Alemania, incluso también en 2001. Como decíamos, en abril de 2003 el PEC saltó por los aires, como así lo constatan las cifras de los siguientes años: Alemania no bajó del 3 por ciento hasta ¡el año 2006!

Cuadro 1. Déficit/superávit público en porcentaje del PIB

2001

2002

2003

2004

2005

2006

Alemania

-3.1

-3.8

-4.2

-3.8

-3.3

-1.6

Francia

-1.5

-3.1

-4.1

-3.6

-2.9

-2.3

España

-0.5

-0.2

-0.3

-0.1

1.3

2.4

Fte: Eurostat [1]

Es decir, Alemania decidió que el PEC que había promovido no era lo que necesitaba en ese momento y, sin más, lo incumplió. Dio igual que eso desencadenara la primera gran crisis del euro (olvidada por completo hoy en día) y que fuera necesario cambiar el Acuerdo inicial para convertir en legal lo que hasta ese momento había sido ilegal. Lo importante era (y es) que la Unión europea no impusiera constricción alguna a las necesidades coyunturales de Alemania (y Francia).

Segunda prueba de cargo: El euro

El 1 de enero de 2002 los telediarios de toda Europa abrieron con imágenes de ciudadanos sonrientes. Primero se les veía tecleando en un cajero automático y a continuación aparecían ante la cámara abanicando sus relucientes billetes de euro. Aquello se vivió como una fiesta. Había nacido para la microhistoria de alemanes, italianos, franceses o españoles una nueva moneda. Era la evidencia de que el proyecto europeo avanzaba con paso firme, la materialización simbólica de que Europa estaba más unida que nunca.

Aunque eran muchos los economistas, sobre todo de Estados Unidos, que alertaban de la fragilidad del proyecto, el sentimiento generalizado entre los países miembros de la Eurozona es que todos salíamos ganando, que no había ganadores y perdedores. La moneda única era la puerta al bienestar de todos sin distinción.

Ha tenido que llegar la crisis actual para caer en la cuenta de que quizá la moneda única no terminó de ser una buena idea, especialmente para países como el nuestro. Todo el mundo sabe ya qué es lo que ha sucedido en estos últimos años con la economía española (aunque sólo sea porque llevamos más de cuatro años oyendo la historia una y otra vez). Nuestra economía está muy endeudada como consecuencia del boom inmobiliario. Ahora las casas no se venden, los préstamos no se pagan, los bancos necesitan ayuda financiera del Estado, hasta que por fin es el Estado mismo el que acaba necesitando el rescate. Pero la razón de que la economía española esté muy endeudada hay que buscarla en el nacimiento del euro, que hizo que prestar desde Alemania o Francia a los bancos españoles no llevara aparejado el riesgo de que se devaluarala peseta. Eleuro no ha sido para nosotros más que un espejismo de bienestar a crédito.

¿Y entonces por qué el euro? Cuando se discutía la creación de la moneda única, los ciudadanos alemanes mostraban su rechazo mayoritario por razones básicamente emocionales: no querían perder la seguridad de su poderoso marco, diluyéndolo entre un conjunto de monedas y países mucho menos sólidas. Pero otra cosa opinaban las élites políticas de ese país: la apuesta de Alemania por la unión monetaria fue a conciencia. Era la forma de garantizarse que sus vecinos europeos dejasen de recurrir a devaluaciones competitivas de sus monedas, la única medida que podía poner en riesgo su estrategia económica central: la del crecimiento basado en exportaciones. Sin ir más lejos, la última crisis económica que vivió España en 1993 se saldó con tres devaluaciones consecutivas de la peseta en menos de nueve meses. Como puede observarse en el gráfico siguiente, en 1982 el marco se cambiaba por casi 45 pesetas. Antes de la crisis de 1992, superaba por poco las 60 pesetas, para pasar a los 80 unos meses después. Es decir, que la forma clásica (aunque traumática) que tenía España para recuperar la competitividad perdida frente a potencias como la alemana, era simplemente devaluarla peseta. Conello y de forma automática, las importaciones alemanas se volvían más caras y los productos españoles en Alemania más baratos.

Gráfico 1. Tipo de cambio peseta/marco desde 1982 hasta la actualidad. Fte: Bloomberg Finance L.P.

Fte: Bloomberg Finance L.P.[2]

Pero Alemania sabía que, si quería salir de la crisis que venía arrastrando desde los años de la unificación, necesitaba demanda internacional para sus competitivas empresas y para ello, nada mejor que un mercado cautivo sin riesgos que fue en lo que se convirtió la Europa del euro.

Por tanto, la introducción del euro, puede considerarse una prueba más de cómo la política económica de la Unión europea se ha puesto al servicio de las economías fuertes. El euro fue lo más parecido a una partida de póquer. Un partida a la que los veteranos jugadores del norte de Europa, invitaron a participar (a crédito) a los pardillos dela periferia. Si Merkelreconociera que, en buena medida, el euro fue la respuesta de Europa para resolver los problemas de Alemania, quizá cambiase su actitud hacia las necesidades de una política monetaria adecuada para resolver los problemas actuales  de los países periféricos.

Tercera prueba de cargo: el Banco Central Europeo

Por tanto a Alemania se le permitió incurrir en los déficit públicos que necesitaba para salir de la crisis, se le ofreció en bandeja un buen número de economías europeas a las que poder vender y prestar sin riesgo de pérdidas en el tipo de cambio. Pero aún hubo más.

En el gráfico siguiente, se recoge la evolución del tipo de intervención del Banco Central Europeo (BCE) desde el nacimiento del euro. Se trata del tipo de interés al que el BCE presta a los bancos comerciales y con el que la autoridad monetaria europea determina el interés que acaban pagando familias, empresas y gobiernos por tomar dinero a préstamo.

Gráfico 2. Tipo de intervención del BCE. Porcentaje. 1999-2009  Fte: Banco de España

Como podemos ver, desde 2001 hasta bien entrado el 2007, el tipo de interés primero bajó y luego se mantuvo en el entorno del 2 por ciento. Un tipo demasiado reducido para países como España, cuya economía por aquel entonces crecía a tasas muy elevadas. Basta con ver las cifras de déficit público que presentaba nuestro país en esos años (cuadro 1). Una política monetaria tan laxa es lo último que necesitaba España en esos años en los que el consumo estaba disparado y los precios de los pisos no dejaban de subir sobre la ola de préstamos a tipos de interés ridículos.

¿Por qué mantuvo entonces el BCE los tipos de interés tan bajos durante tanto tiempo? Porque era la política monetaria que necesitaba la Alemania, cuyo crecimiento económico por aquellos años era muy débil. Se favorecía así la demanda y la inversión alemanas y, de paso, se ponía en manos de españoles, portugueses y griegos dinero barato para comprar lavadoras y medicamentos alemanes.

 

En conclusión

Ángela Merkel nos pide reformas estructurales. Tenemos que hacer, dice, lo que Alemania ya hizo desde 2003: conseguir que nuestras economías sean más flexibles y competitivas. Lo que se le olvida recordar es que el país germano se ocupó previamente de proporcionarse las condiciones macroeconómicas más favorables. Alemania se reinventó, impuso sacrificios a sus ciudadanos y trabajadores, pero lo hizo entre algodones, con el viento a favor de un contexto macroeconómico favorable. Lo mismo que ahora niega a Grecia, Portugal o Irlanda. Lo mismo que ahora le está costando con España. Se equivoca de estrategia, eso es evidente. Pero es que además, exige a los demás, lo que los demás no le exigieron a ella cuando lo necesitó.

De lo que merkel no quiere hablar (publicado en Es hora)

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2 responses to “De lo que Merkel no quiere hablar”

  1. Carlos says :

    Te felicito Mario por una píldora tan interesante y motivadora. Desde luego que aportas un punto de vista válido, y que sin lugar a dudas participa, al menos parcialmente a mi juicio, en la explicación de la situación económica por la que atravesamos. Aunque estoy de acuerdo con buena parte de lo expuesto, tengo algunas discrepancias.

    En general, no estoy de acuerdo con historias de buenos y malos. Además, buscar responsables de los propios problemas en terceras personas no me parece constructivo. Defender la idea de que los problemas económicos de España se deben a las decisiones emprendidas por Alemania me parece un argumento difícil de asumir como explicación total de la situación. Y en todo caso, es un planteamiento que no nos conduce a ningún sitio interesante, ya que no aporta soluciones a nuestra situación económica actual. Es imposible que Alemania y el BCE reconozcan la razón de estos argumentos y nos compensen por ello condonando nuestra deuda (comprando el BCE deuda soberana española o admitiendo Alemania aportar su solvencia para financiar nuestra insolvencia mediante la emisión de eurobonos).

    Desde luego estoy de acuerdo con que Europa no es una zona monetaria óptima. Aglutina a países demasiado diferentes en términos macroeconómicos, por lo que es imposible que el BCE adopte decisiones de política monetaria que se ajusten adecuadamente a unas situaciones económicas nacionales que son demasiado diferentes. Esto es cierto, y la aplicación de una política monetaria expansiva benefició a países como Alemania, aunque perjudicó a economías como la española, que ya crecían demasiado, experimentaban tensiones inflacionistas y son demasiado proclives al corto plazo.

    Sin embargo, y a diferencia de lo que expones en tu píldora, creo que España probablemente es uno de los países que más se ha beneficiado de la UE. Sólo hay que recordar los millones de euros recibidos a través de fondos FEDER, la modernización de nuestras infraestructuras, el incremento espectacular de nuestra renta per cápita, la reducción de nuestro coste de financiación (ahora somos más solventes al pertenecer a un club muy selecto como es la UE) hemos disfrutado de un largo periodo de estabilidad de precios…Por tanto, también nosotros deberíamos estar “agradecidos” a la UE, y no solo Alemania. Aunque claro, hay que tener claras las reglas del juego. Cuando cedes la política monetaria y la cambiaria, y asumes reglas que limitan la política fiscal, todo queda en manos de políticas que incentiven comportamientos sobre los que sustentar productividad, competitividad y, finalmente, crecimiento económico.

    A partir de aquí, algún desacuerdo. Afirmas que para pagar y corregir el déficit público sería necesario generar ingresos, ¡pero España es actualmente incapaz de generar estos ingresos! Nuestro país no tiene capacidad para estimular la actividad y el crecimiento económico. Carecemos de instrumentos de política económica (los monetarios y el cambiario están cedidos a la UE, la fiscal es evidente que está agotada) y mucho menos de fundamentos sobre los que basar una estrategia de este tipo (ni somos competitivos, ni generamos ganancias de productividad y estamos especializados en la producción de bienes con una demanda internacional escasa y agotada). Nuestro crecimiento se ha basado en una burbuja inmobiliaria, algo irreal por definición, que sin embargo nos ha permitido continuar con un modelo productivo y un sistema económico-social-político seguramente insostenible, desde luego ineficiente, y probablemente inmoral.

    Más allá de mirar en cuestiones de corto plazo, lo relevante está en el medio/largo plazo. Hay que centrarse en cuestiones relativas al modelo productivo y el comportamiento de los agentes/instituciones:

    – ¿Por qué se produce una burbuja inmobiliaria en España y no en otro sitio?
    – ¿Por qué creemos que es posible liderar el crecimiento y la creación de empleo en Europa durante la expansión con modelo productivo basado en actividades tradicionales de escaso valor añadido, con escasas ganancias de productividad y reducidos niveles de competitividad?
    – ¿Por qué creemos que es posible disfrutar del nivel de bienestar de otros países cuando no hacemos el trabajo necesario para dotarnos de los fundamentos económicos sobre los que se sustentan?
    – En definitiva, ¿por qué siempre somos las cigarras y luego echamos las culpas a las hormigas?

    Mi opinión es sencilla. España, económica y socialmente, no es un país serio. Todos nuestros problemas económicos se enraízan en déficits de un enorme calado y transcendencia relacionados con una negativa visión social del esfuerzo (educativo, inversor, investigador, ahorro…) y son consecuencia de una construcción social donde el trabajo es cosa de tontos y los listos se dedican al pelotazo o a ganárselo sin trabajar (desempleados que no lo son, la inactividad como meta vital, el engaño es cosa de listos…). Con toda seguridad tenemos la tasa de ocupación más baja del mundo y el sistema económico-social por lo que se distingue es por generar un amplio abanico de estímulos reforzando este tipo de comportamientos. Con toda seguridad, nuestra economía es una de las que en mayor medida depende del gasto público de papá Estado. Bueno, en términos más estrictos, esto es lo que Krugman explica recurriendo al argumento del “moral Hazard”: agentes que exhiben unos comportamientos económicos inmorales y cuyos costes recaen siempre sobre terceros, con mucha frecuencia sobre el Estado, que es la institución que compensa y hace posible unos comportamientos que individualmente serían inviables.

    Mal que nos pese:

    a) Tenemos que superar nuestras actuales restricciones financieras, y para eso, si no hay crecimiento y por tanto ingresos, y el tipo de interés que pagamos por la deuda es cada vez mayor, no queda otra que llevar a cabo una consolidación fiscal (reducción del déficit y por tanto de nuestras necesidades de financiación) a través de la reducción del gasto.
    b) Desde luego sería más fácil si se generarse crecimiento económico y, por tanto, ingresos fiscales. Pero esto está fuera de nuestras fronteras: aplicación de medidas de estímulo fiscal a nivel europeo y/o que algunos países salgan del agujero, incrementen su actividad y esto se traduzca en una mayor demanda de exportaciones de nuestros productos.
    c) Más tarde, plantearse un nuevo modelo productivo, basado en la cadena de los manuales de texto: productividad  competitividad  crecimiento económico. La cuestión es como fomentar la productividad (educación, investigación…) y como gestionar el cambio de modelo productivo. Siempre habrá ganadores (¿las energías renovables?) y perdedores (¿los mineros? Aunque sean capaces de exhibir elevados niveles de violencia).

    Otra cosa, desde luego, y en la que seguramente estaríamos de acuerdo, es en qué recortar y en qué no recortar. Hasta ahora se recorta lo que es fácil de recortar. Mi opinión, al hilo de lo expuesto, es recortar en todo aquello que sustenta un sistema económico acomodado y en absoluto eficiente, y desde luego no hacerlo en aquello sobre lo que se debería sustentar un deseable futuro nuevo modelo productivo, donde prime la competitividad basada en la productividad. También estaríamos de acuerdo en que la consolidación del déficit también debería considerar cuestiones de equidad: quien es responsable de esta situación y quien no.

  2. Paco H.H. says :

    Mario, da gusto visitar tus píldoras, por tus entradas y por las respuestas. Enhorabuena!! por el proyecto en Lebrija. Un ejemplo de como se puede participar, todos podemos ser inversores, y generar energía limpia y dar ganancias a repartir, no para que se la quede una compañía vendiendo su energía contaminante.

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