¿Qué es economía financiera?

Cuando se analiza la crisis actual con cierta perspectiva, son muchos los que sitúan su origen en el excesivo peso que ha venido adquiriendo la llamada economía financiera en detrimento de la economía real.

Estamos ante una crisis financiera, provocada por un excesivo endeudamiento público y privado. Como familias, empresas y Estados deben tanto dinero, el consumo y la inversión sólo pueden disminuir. Es tiempo de ahorrar. La prioridad pasa ahora por devolver poco a poco los préstamos acumulados en las últimas décadas. Pues bien, si se han disparado los préstamos como lo han hecho en estos últimos años no es más que por un modelo de crecimiento económico basado en la generación de dinero más que en la generación de productos y servicios.

Las consignas contra el banquero que se escuchan en las protestas callejeras de todo el mundo es la confirmación última de este diagnóstico. Y efectivamente resulta muy humana la necesidad de encontrar un chivo expiatorio en el que concentrar la ira. Pero una vez que nos hemos desahogado, debemos hacer un ejercicio de responsabilidad y reflexión, y sacar a la luz las verdaderas causas de esta deriva a favor del negocio financiero.

Y lo primero que tenemos que hacer es reflexionar sobre la relación entre opulencia y confort. En el caso español podríamos explicarlo del siguiente modo:

En los años del boom inmobiliario, a muchos españoles se les presentaba el siguiente dilema:

¿qué hago con mis ahorros: monto un negocio (y era un buen momento, porque el consumo estaba disparado) o señalizo dos apartamentos (aún en fase de proyecto) en La Manga del Mar Menor?

Pues bien, respondiendo a la pregunta, yo diría que la gran mayoría de este colectivo de inversores arrojados se decantó por la segunda de las posibilidades. Escuchó con mucha atención a su cuñado la idea de la marisquería y, también acudió con determinación en el ánimo a aquella Feria de la Franquicia, pero, finalmente, se decantó por irse un fin de semana a Murcia y firmar los contratos de señal. Claro que en su decisión influyó la aparente seguridad que ofrecía en aquellos años el negocio inmobiliario. Pero había algo más, algo muy importante que sólo se explica a la luz del momento vital en el que nos encontrábamos (y nos encontramos en España) y que hemos sintetizado en la idea de la opulencia.

El elemento diferencial de la propuesta de los apartamentos es que se trataba de ganar dinero sin hacer absolutamente nada. Todo se redujo a unas cuantas tardes brujuleando por Internet y de aquel agradable fin de semana en La Manga (aunque algo tenso por aquello de firmar). A partir de ese momento, todo quedaba en suspenso y sólo había que esperar tranquilamente a que se hiciera el guiso. Una vez al mes, si acaso, había que ir a remover un poco con la cuchara, esto es, ir a ver cómo iban las obras, y ya está.

El nuevo inversor podía seguir con su vida intacta: sus ocho horas de oficina, su gimnasio, su paseo, su periódico, la compra, el entrenamiento de la niña, la paella del domingo y así. Muchos sabrán y a otros le habrán contado, sin embargo, el cambio que hubiera tenido lugar en la vida de nuestro personaje si se hubiera decantado por la franquicia de bisutería que le tentó en aquel día de su visita a la Feria. A partir de entonces y durante quizá uno o dos años (y siempre que las cosas le hubieran ido bien), su vida habría consistido en trabajar sus ocho horas (porque claro, no podía arriesgarse a dejar su trabajo actual) y de ahí ir directo a supervisar las obras del local, y cuando éstas hubieran terminado, acudir a supervisar las ventas del día, escuchar las quejas del personal, programar el pedido del día siguiente; escaparse del trabajo para ir al notario o a la oficina bancaria. Ir el sábado a hacer inventario y dedicar el resto del fin de semana a darle vueltas a los problemas, a buscar por Internet nuevas ideas, etc., etc., etc.

Y no hay más. Eso es todo. Ante Uds. la explicación última del poderoso atractivo que la economía financiera respecto a la economía real. No tiene sentido embarcarse en ningún proyecto que suponga tiempo y esfuerzo, cuando existen alternativas con las que el dinero te llega al sillón de tu casa mientras ves el partido. El desarrollo económico genera ahorro, el ahorro nos proporciona seguridad (la misma seguridad de la que disfrutan las clases trabajadoras gracias al Estado del Bienestar) y podemos permitirnos escapar de la esclavitud del esfuerzo, las preocupaciones o el riesgo. Eso es todo.

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