De lo que Merkel no quiere hablar

El 25 de abril de 2003 la reunión del Ecofin, el Consejo de Ministros de economía dela Unión Europea, se presentaba especialmente tensa. En el orden del día se incluía la propuesta de la Comisión de iniciar el procedimiento sancionador contemplado en los tratados contra Alemania y Francia por incumplir el Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Quizá algunos recuerden la historia y sepan por tanto que, finalmente, el Ecofin no aprobó la propuesta de sanción contra estos dos países; y también sepan la razón de que no se aprobara: simplemente……. porque Francia y Alemania se negaron a ello. Ahora lo explicaremos todo mejor, para que se entienda la trascendencia de lo que sucedió en aquel no tan lejano 23 de abril de 2003. Por el momento, basta con que nos quedemos con una idea: Alemania y Francia, los países que han dirigido con mano de hierro la estrategia de salida en la crisis del euro (al menos hasta el triunfo de Hollande) y que lo han hecho de forma tan rígida, escogieron sin embargo en 2003 la política económica que más les convenía, sin que la opinión del resto de países contara en absoluto.

Cuando Alemania se muestra inflexible ante el sufrimiento de Grecia, Portugal, Irlanda o España; cuando es evidente que la estrategia de austeridad sobre austeridad no funciona en absoluto; cuando el sentido común (mucho más útil en esta coyuntura que la ciencia económica) nos dice que para devolver lo que nos prestaron tenemos antes que generar ingresos; cuando sucede todo esto, es importante recordar la verdad de la historia reciente dela Unión Europea, de un proyecto construido, fundamentalmente, a la medida de las necesidades coyunturales de Alemania. Con la crisis del Pacto de Estabilidad y Crecimiento en 2003 esta realidad se hizo explícita, pero no fue un caso aislado, como veremos a continuación.

Primera prueba de cargo: La crisis del Pacto de Estabilidad y Crecimiento

El origen del llamado Pacto de Estabilidad y Crecimiento (en adelante, PEC) hay que buscarlo en el Consejo europeo de Madrid de noviembre de 1995. Fue entonces cuando el Ministro de Finanzas alemán Theo Waigel mostró su preocupación ante el riesgo de que el euro se pudiera romper por la indisciplina fiscal de los países que iban a compartir moneda cuatro años después. Alemania no se fiaba de que determinados países, que estaban haciendo un enorme esfuerzo para cumplir con los requisitos que exigía su ingreso en el euro, no se relajaran una vez logrado el objetivo. Con el PEC, aprobado finalmente en el ECOFIN de Amsterdam en junio de 1997, esa posibilidad se hacía más remota, pues a partir de entonces los países de la zona euro se obligaban a mantener su cifra de déficit público por debajo del 3 por ciento del PIB, salvo circunstancias excepcionalísimas.

Pues bien, aunque hubo antecedentes de poca importancia con otros países, el primer quebrantamiento grave del Pacto tuvo como sorprendente protagonista a  Alemania, la Alemania de Theo Waigel, la guardiana de la ortodoxia yla disciplina. Asíse observa en el cuadro siguiente, donde los países centrales de Europa, Francia y Alemania muestran cifras de déficit público superior al 3 por ciento en 2002, y, en el caso de Alemania, incluso también en 2001. Como decíamos, en abril de 2003 el PEC saltó por los aires, como así lo constatan las cifras de los siguientes años: Alemania no bajó del 3 por ciento hasta ¡el año 2006!

Cuadro 1. Déficit/superávit público en porcentaje del PIB

2001

2002

2003

2004

2005

2006

Alemania

-3.1

-3.8

-4.2

-3.8

-3.3

-1.6

Francia

-1.5

-3.1

-4.1

-3.6

-2.9

-2.3

España

-0.5

-0.2

-0.3

-0.1

1.3

2.4

Fte: Eurostat [1]

Es decir, Alemania decidió que el PEC que había promovido no era lo que necesitaba en ese momento y, sin más, lo incumplió. Dio igual que eso desencadenara la primera gran crisis del euro (olvidada por completo hoy en día) y que fuera necesario cambiar el Acuerdo inicial para convertir en legal lo que hasta ese momento había sido ilegal. Lo importante era (y es) que la Unión europea no impusiera constricción alguna a las necesidades coyunturales de Alemania (y Francia).

Segunda prueba de cargo: El euro

El 1 de enero de 2002 los telediarios de toda Europa abrieron con imágenes de ciudadanos sonrientes. Primero se les veía tecleando en un cajero automático y a continuación aparecían ante la cámara abanicando sus relucientes billetes de euro. Aquello se vivió como una fiesta. Había nacido para la microhistoria de alemanes, italianos, franceses o españoles una nueva moneda. Era la evidencia de que el proyecto europeo avanzaba con paso firme, la materialización simbólica de que Europa estaba más unida que nunca.

Aunque eran muchos los economistas, sobre todo de Estados Unidos, que alertaban de la fragilidad del proyecto, el sentimiento generalizado entre los países miembros de la Eurozona es que todos salíamos ganando, que no había ganadores y perdedores. La moneda única era la puerta al bienestar de todos sin distinción.

Ha tenido que llegar la crisis actual para caer en la cuenta de que quizá la moneda única no terminó de ser una buena idea, especialmente para países como el nuestro. Todo el mundo sabe ya qué es lo que ha sucedido en estos últimos años con la economía española (aunque sólo sea porque llevamos más de cuatro años oyendo la historia una y otra vez). Nuestra economía está muy endeudada como consecuencia del boom inmobiliario. Ahora las casas no se venden, los préstamos no se pagan, los bancos necesitan ayuda financiera del Estado, hasta que por fin es el Estado mismo el que acaba necesitando el rescate. Pero la razón de que la economía española esté muy endeudada hay que buscarla en el nacimiento del euro, que hizo que prestar desde Alemania o Francia a los bancos españoles no llevara aparejado el riesgo de que se devaluarala peseta. Eleuro no ha sido para nosotros más que un espejismo de bienestar a crédito.

¿Y entonces por qué el euro? Cuando se discutía la creación de la moneda única, los ciudadanos alemanes mostraban su rechazo mayoritario por razones básicamente emocionales: no querían perder la seguridad de su poderoso marco, diluyéndolo entre un conjunto de monedas y países mucho menos sólidas. Pero otra cosa opinaban las élites políticas de ese país: la apuesta de Alemania por la unión monetaria fue a conciencia. Era la forma de garantizarse que sus vecinos europeos dejasen de recurrir a devaluaciones competitivas de sus monedas, la única medida que podía poner en riesgo su estrategia económica central: la del crecimiento basado en exportaciones. Sin ir más lejos, la última crisis económica que vivió España en 1993 se saldó con tres devaluaciones consecutivas de la peseta en menos de nueve meses. Como puede observarse en el gráfico siguiente, en 1982 el marco se cambiaba por casi 45 pesetas. Antes de la crisis de 1992, superaba por poco las 60 pesetas, para pasar a los 80 unos meses después. Es decir, que la forma clásica (aunque traumática) que tenía España para recuperar la competitividad perdida frente a potencias como la alemana, era simplemente devaluarla peseta. Conello y de forma automática, las importaciones alemanas se volvían más caras y los productos españoles en Alemania más baratos.

Gráfico 1. Tipo de cambio peseta/marco desde 1982 hasta la actualidad. Fte: Bloomberg Finance L.P.

Fte: Bloomberg Finance L.P.[2]

Pero Alemania sabía que, si quería salir de la crisis que venía arrastrando desde los años de la unificación, necesitaba demanda internacional para sus competitivas empresas y para ello, nada mejor que un mercado cautivo sin riesgos que fue en lo que se convirtió la Europa del euro.

Por tanto, la introducción del euro, puede considerarse una prueba más de cómo la política económica de la Unión europea se ha puesto al servicio de las economías fuertes. El euro fue lo más parecido a una partida de póquer. Un partida a la que los veteranos jugadores del norte de Europa, invitaron a participar (a crédito) a los pardillos dela periferia. Si Merkelreconociera que, en buena medida, el euro fue la respuesta de Europa para resolver los problemas de Alemania, quizá cambiase su actitud hacia las necesidades de una política monetaria adecuada para resolver los problemas actuales  de los países periféricos.

Tercera prueba de cargo: el Banco Central Europeo

Por tanto a Alemania se le permitió incurrir en los déficit públicos que necesitaba para salir de la crisis, se le ofreció en bandeja un buen número de economías europeas a las que poder vender y prestar sin riesgo de pérdidas en el tipo de cambio. Pero aún hubo más.

En el gráfico siguiente, se recoge la evolución del tipo de intervención del Banco Central Europeo (BCE) desde el nacimiento del euro. Se trata del tipo de interés al que el BCE presta a los bancos comerciales y con el que la autoridad monetaria europea determina el interés que acaban pagando familias, empresas y gobiernos por tomar dinero a préstamo.

Gráfico 2. Tipo de intervención del BCE. Porcentaje. 1999-2009  Fte: Banco de España

Como podemos ver, desde 2001 hasta bien entrado el 2007, el tipo de interés primero bajó y luego se mantuvo en el entorno del 2 por ciento. Un tipo demasiado reducido para países como España, cuya economía por aquel entonces crecía a tasas muy elevadas. Basta con ver las cifras de déficit público que presentaba nuestro país en esos años (cuadro 1). Una política monetaria tan laxa es lo último que necesitaba España en esos años en los que el consumo estaba disparado y los precios de los pisos no dejaban de subir sobre la ola de préstamos a tipos de interés ridículos.

¿Por qué mantuvo entonces el BCE los tipos de interés tan bajos durante tanto tiempo? Porque era la política monetaria que necesitaba la Alemania, cuyo crecimiento económico por aquellos años era muy débil. Se favorecía así la demanda y la inversión alemanas y, de paso, se ponía en manos de españoles, portugueses y griegos dinero barato para comprar lavadoras y medicamentos alemanes.

 

En conclusión

Ángela Merkel nos pide reformas estructurales. Tenemos que hacer, dice, lo que Alemania ya hizo desde 2003: conseguir que nuestras economías sean más flexibles y competitivas. Lo que se le olvida recordar es que el país germano se ocupó previamente de proporcionarse las condiciones macroeconómicas más favorables. Alemania se reinventó, impuso sacrificios a sus ciudadanos y trabajadores, pero lo hizo entre algodones, con el viento a favor de un contexto macroeconómico favorable. Lo mismo que ahora niega a Grecia, Portugal o Irlanda. Lo mismo que ahora le está costando con España. Se equivoca de estrategia, eso es evidente. Pero es que además, exige a los demás, lo que los demás no le exigieron a ella cuando lo necesitó.

De lo que merkel no quiere hablar (publicado en Es hora)

Los peligros de la energía solar

El proyecto Desertec (www.desertec.org), promovido por un consorcio de empresas alemanas, aspira a constituirse en la alternativa de suministro energético verde para el norte de Europa. La idea es sencilla, aunque de dimensiones colosales: se trataría de  crear una red de grandes instalaciones de producción eléctrica renovable (eólica, fotovoltaica y, muy especialmente, termosolar) en el norte de África y construir, en paralelo, la red eléctrica necesaria para trasladar toda esa energía a nuestro continente. Una idea ambiciosa, pero que según van pasando los meses va ganando en viabilidad técnica y económica. Y una forma perfecta de sacar partido a territorios hasta ahora desaprovechados, pero de inmenso potencial. Porque, como se afirma en la página web dela Fundación Desertec: “En 6 horas, los desiertos del planeta reciben toda la energía que consume la Humanidad en un año”.

Llevamos tiempo oyendo hablar del pico del petróleo y, en general, del carácter limitado, finito que tienen las materias primas energéticas, uranio incluido. Como en la actualidad todo nuestro sistema económico está fundamentado en estas fuentes de energía, resulta muy tranquilizador saber que contamos con tecnologías alternativas que incorporan además la ventaja de ser inagotables. Tenemos que dedicar ingentes recursos para reemplazar unas centrales eléctricas por otras, pero contamos ya conla solución. Podríamosdecir, utilizando un lenguaje más propio de los libros de autoayuda, que el asunto de la energía no es realmente un problema, no es motivo de preocupación, sino de ocupación. De ponernos a ello, vaya.

Aquellos que defendemos la necesidad del cambio urgente en nuestro modelo energético, los que nos preocupan los inmensos problemas asociados a las tecnología convencionales, entre ellas y muy singularmente el calentamiento global, nos encontramos sin embargo ante un dilema. Sabemos que hay que dejar de quemar gas, carbón y petróleo (así como de fisionar átomos) y que la difusión masiva de aerogeneradores, espejos y paneles fotovoltaicos se debe materializar en pocas décadas. Pero sabemos también del pésimo mensaje que podemos estar lanzando a nuestras sociedades opulentas cuando hablamos de recursos inagotables. Si con seis horas de sol sobre los desiertos de la Tierra, obtenemos toda la energía que necesita la Humanidad en un año, lo que muchos estarán escuchando es que no hay límites al bienestar material, que los agoreros del decrecimiento y la sobriedad en el vivir (que no austeridad) son en realidad hombres y mujeres grises que quieren tornar en grises también nuestras vidas.

Podemos sacar partido a esta crisis o no. Esto es lo que de verdad nos estamos jugando en estos años. Podemos cuestionarnos nuestro modelo de crecimiento o seguir como hasta ahora, con este business as usual consistente en volver a inyectar suficiente dinero que ponga en marcha la siguiente burbuja de activos, sobre la que montarnos como surfistas en la cresta de la ola, hasta el inevitable y recurrente batacazo final. Tenemos la oportunidad de abandonar esta loca y ciclotímica carrera con la que estamos llevando cada vez más lejos la destrucción del planeta, pero eso no se va a conseguir reemplazando energías contaminantes por tecnologías limpias y renovables, sino cambiando los valores imperantes en nuestras sociedades. No podemos fundamentar la viabilidad de nuestras economías en la acumulación infinita de bienestar material, de amontonar opulencia sobre opulencia. Y la imagen que podemos crearnos de la transición energética como un éxodo hacia el paraíso terrenal, donde bastará con alargar el brazo para alimentarnos de los frutos de los árboles, puede ser muy contraproducente.

En las centrales termosolares, miles de espejos concentran la energía del sol en la parte más alta de una torre o van incidiendo en un liquido calorportador que circula por un tubo interminable. En la cúspide de la torre o al final del tubo se alcanzan temperaturas que pueden superar largamente los 700 grados centígrados y es con ese calor con el que se mueve una turbina que proporciona la electricidad.

Mucho calor. Es lógico que se nos suba ala cabeza. Quéveamos oasis y palmeras cargadas de cocos. Tenemos que enfriar estas expectativas, meter la cabeza en agua helada y evitar así que las energías renovables se conviertan en cómplice de las fuerzas que están acabando con el planeta.

los peligros de la energía solar

Una declaración de independencia (Parte II)

Argentina como metáfora

En el artículo de la semana pasada empezamos hablando de la crisis del euro (con su actual epicentro en nuestro país) y acabamos haciéndolo de Argentina y su decisión de expropiar YPF. Resulta frecuente escuchar a los novelistas decir que sus personajes tienen vida propia y que acaban llevando la historia lejos de donde ellos preveían en un principio. Sin embargo, en nuestro caso, que empezáramos en Europa y acabáramos en el cono sur americano está plenamente justificado. No fueron las juguetonas musas quienes nos arrastraron lejos de nuestra intención inicial, sino una estación de paso necesaria para entender plenamente lo que sigue.

El país sudamericano, con su polémica medida, puso en el centro del debate el concepto de soberanía. Energética en un principio, pero como se apuntaba el viernes pasado, también financiera. El argumento es sencillo. Argentina acabó 2011 con déficit en su balanza de pagos [1]. Siendo como es una economía fuertemente exportadora de materias primas y estando muy altos los precios de dichos productos, el país tendría que estar disfrutando de una mejor posición en sus relaciones económicas con el resto del mundo. Seguramente hubiera sido posible encontrar causas más explicativas del deterioro en la balanza comercial, pero el gobierno argentino prefirió escoger el típico enemigo exterior al que culpar de los males: REPSOL no estaba invirtiendo como debía en su subsidiaria YPF y, como consecuencia de ello, las exportaciones de hidrocarburos se encontraban lejos de su potencial y de ahí la deficitaria balanza de pagos.

El que un país tenga déficit de balanza de pagos significa que tiene que endeudarse con el exterior por el mismo importe del déficit. Necesita pedir prestado dinero a bancos y fondos de inversión de otros países para financiar aquello que compra fuera y que no se compensa con lo que vende al exterior. Si esta situación se va repitiendo a lo largo del tiempo, es decir, si las deudas con el exterior se van acumulando año tras año, llegará un momento en el que los prestamistas internacionales comiencen a desconfiar de la capacidad del país en cuestión para devolver el dinero prestado. Y en consecuencia dejarán de prestar o lo harán a tipos de interés muy superiores.

Por tanto, cuando Argentina dio un golpe en la mesa expropiando YPF, estaba demostrando su firme determinación de controlar unos recursos tan estratégicos como son los hidrocarburos, pero en mucha mayor medida estaba luchando por recuperar el control sobre su balanza de pagos, que es lo mismo que decir, sobre su soberanía financiera.

Balanza de pagos e independencia financiera. El caso español

En el cuadro siguiente se refleja el detalle de los distintos elementos en que se descompone la balanza de pagos de nuestro país. Y en el cuadro de apoyo que acompaña a este artículo se ofrece una pequeña explicación de lo que se incluye en cada una de las balanzas. Como podemos ver, nuestra situación es deficitaria, aunque mucho menor de la que teníamos en los años del boom económico. En 2007 el déficit ascendió a 100.689 millones y en 2008 a 99.281 millones, así que en estos cuatro años de profunda crisis el saldo negativo se ha reducido a la tercera parte.

Cuadro 1. Balanza de pagos y balanza de los sectores de la energía exceptuada la electricidad (Petróleo, carbón y gas). España 2011. En millones de euros.

SALDO
2011
Balanza comercial (a)
-39 701
Balanza de servicios (b)
33 997
Balanza de rentas (c)
-26 134
Balanza de transferencias (d)
-5 928
Balanza corriente (a+b+c+d) (1)
-37 766
Balanza de capital (2)
5 487
 
Balanza de pagos (1+2)
-32 279
Balanza MMPP energéticas
-40 260

Fuente: Ministerio de Economía y Competitividad (DATACOMEX [2]) y Banco de España [3]

Pero claro, tantos años acumulando déficit se han traducido en un saldo en el endeudamiento de nuestra economía con el exterior que, a finales de 2011, ascendía a casi un billón de euros [4]. Es decir, nos han prestado más de lo que nosotros hemos prestado al exterior por esa cifra que, por cierto, coincide con el tamaño de la economía española: nuestro PIB es en la actualidad sólo algo superior al billón de euros anual.

La razón de que estemos padeciendo últimamente un repunte en nuestra prima de riesgo que nos ha hecho superar ampliamente los 500 puntos básicos (el estado alemán se financia al 1,5 por ciento y el español a más del 6,5 por ciento) tiene mucho de razones coyunturales y de una pésima gestión de la crisis por parte de las autoridades europeas, pero la causa subyacente última hay que buscarla en este enorme endeudamiento de nuestra economía con el exterior. Los prestamistas internacionales comienzan a desconfiar de que seamos capaces de devolverles lo que nos han prestado hasta el día de hoy. Y más aún cuando sucede, como es el caso, que el año que viene vamos a seguir aumentando nuestro endeudamiento un poco más, como consecuencia de que, también este año, presentaremos déficit en nuestra balanza de pagos.

De hecho y como pasamos a ver, es el propio endeudamiento el que provoca que éste no deje de crecer año tras año; que nos veamos inmersos en un desesperante círculo vicioso. Todo ello se hace evidente al analizar de nuevo los datos del cuadro número uno. En el podemos ver cómo el saldo de la balanza de rentas presenta un importe negativo de 26.134 millones de euros y, como sabemos, se trata del agregado que refleja la diferencia entre los intereses que nos pagan y los intereses que pagamos al exterior. Como debemos a  prestamistas internacionales un billón de euros más de lo que hemos prestado al exterior, eso supone una salida ingente de dinero en concepto de intereses. Podemos concluir entonces que si no estuviéramos endeudados con el exterior y por tanto nuestra balanza de rentas estuviera a cero, pasaríamos a estar a sólo 6.000 millones euros de lograr el equilibrio de la balanza de pagos.

La economía del sol viene al rescate

Podíamos entonces dar también nosotros un golpe encima de la mesa. Exigir una quita en nuestras deudas con el exterior, un poco al modo de las medidas que han adoptado (con tan poco éxito, por cierto) los bancos sobre la deuda pública griega. De esta forma, tendríamos más fácil alcanzar el anhelado superávit con el exterior y recuperaríamos la confianza perdida en la sostenibilidad de nuestras finanzas.

Algunos agoreros con disfraz de sesudos economistas, especialistas en el sutil arte de alimentar profecías autocumplidas, nos intentan convencer un día sí y otro también de que la única forma de que nuestra economía salga de la postración pasa por negociar lo antes posible el impago parcial, aunque ordenado, de nuestra ingente deuda. Pero desde la economía del sol hay alternativas. Alternativas que se nos hacen evidentes si volvemos una vez más sobre los datos del cuadro uno. Vemos en él que el mayor signo negativo corresponde a la balanza comercial, la que compara importaciones y exportaciones. Nos hemos permitido además, complementar los datos principales de la balanza de pagos con los relativos a un componente de la balanza comercial, el que explica realmente porque nuestra balanza de pagos se encuentra en situación endémica de déficit. Estamos hablando de las materias primas energéticas, que supusieron en 2011 un saldo negativo de más de 40.000 millones, una cifra, claramente superior al déficit total de balanza de pagos. Si fuéramos energéticamente independientes no necesitaríamos pedir prestado al exterior. Si dejáramos de consumir petróleo, gas y carbón pasaríamos a estar en la primera división de las economías internacionales y las bases de nuestra economía serían mucho más sólidas.

Lo que viene a continuación se puede y debe hacer mejor, pero como aproximación vale: En nuestro país hay unos 20 millones de turismos que, de media, recorren unos 15.000 kilómetros al año. El 40-45 por ciento de todo el petróleo que se consume en nuestro país lo hace en forma de gasolinas y gasóleos de automoción[5]. Si todos esos coches se movieran con motores eléctricos, sería necesario instalar paneles fotovoltaicos por una potencia total de 30.000 MW [6].

Cuando se lanza una propuesta como ésta, son muchos los que saltan tachándola de utópica. Que si los coches eléctricos no son fiables y tienen poca autonomía, que son muy caros, que la electricidad fotovoltaica es también muy cara, etc. Argumentos todos que merecen contestación, pero que nos alejan del tema de nuestro artículo. Porque todavía nos queda ver como la sonrisa de nuestro oponente se vuelve definitivamente triunfadora cuando nos hace ver que, si queremos de verdad resolver el problema del déficit comercial, no vamos a conseguir nada sustituyendo hidrocarburos por paneles solares. En realidad, dirán, nos da igual resolver nuestras necesidades energéticas comprando petróleo en Arabia que paneles en………..China. Nuestro saldo con el exterior seguirá siendo igualmente deficitario, no habremos resuelto ningún problema y tendremos que enfrentar todos los que se citaban más arriba.

Afortunadamente, esto no es así. Por un lado, resulta que aquí no es posible extraer petróleo y gas porque no hay o al menos no al nivel de nuestras necesidades, cosa que no sucede con los paneles fotovoltaicos. De hecho, en la actualidad, en España aún se fabrican más paneles de los que se instalan en el año. Y por otro lado, en caso de que finalmente no hubiera más remedio que importar todos los módulos fotovoltaicos desde China, la factura de los 30.000 MW, a los precios actuales, estaría en el entorno de los 18.000 millones de euros. Entonces, recapitulando: con solo 18.000 de déficit comercial en un año, estaríamos reduciendo para siempre el 40-45% de nuestra demanda anual de petróleo y derivados. No está mal como punto de partida, si de verdad queremos erradicar para siempre nuestra insoportable dependencia económica. Tanto de los caóticos mercados de hidrocarburos como de los también caóticos mercados de capitales. Y todo poniendo simplemente a funcionar la economía del sol.

[1] http://www.indec.mecon.ar/nuevaweb/cuadros/19/bal_03_12.pdf
[2] http://datacomex.comercio.es/
[3] http://www.bde.es/webbde/es/estadis/infoest/e0701.pdf  Series temporales del epígrafe 7.
[4] http://www.bde.es/webbde/es/estadis/infoest/e0706.pdf
[5] http://www.cores.es/esp/estadisticas/estadisticas-petroleo/consumos-Petroleo.html
[6] Un vehículo eléctrico necesita 15 kWh para recorrer 100 kilómetros. Eso significa que, si recorre esos 15.000 km al año, va a consumir anualmente 2.250 kWh. Para producir esa energía basta con una instalación de tan sólo 1,5 kW de potencial nominal. Por tanto, 1,5 kW x 20.000.000 de coches= 30.000.000 de kW, o lo que es lo mismo: 30.000 MW.

 A modo de recordatorio, el saldo de la balanza de pagos, es decir, la diferencia entre el dinero que nos pagan los que no residen en nuestro país y lo que les pagamos a ellos, es el resulta de sumar el saldo correspondiente de las siguientes sub-balanzas:

  • Balanza de bienes o balanza comercial: importaciones y exportaciones, es decir, mercancías físicas que pasan por la aduana, como los coches o los tomates.
  • Balanza de servicios: cuando lo que se vende fuera o se compra fuera son servicios. El componente más importante es el turismo (un extranjero que viene a pasar sus vacaciones a España, está gastándose aquí el dinero que ha ganado en su país), pero también se incluyen aquí, por ejemplo, los servicios que pueda prestar un abogado americano a una empresa española que quiere abrir una sucursal en EEUU.
  • Balanza de rentas: que recoge fundamentalmente rentas de inversión, como  intereses o dividendos. Incluye entre otros los intereses que tenemos que pagar a los prestamistas internacionales que han comprado deuda española.
  • Balanza de transferencias: Aquí se recogen las remesas de los inmigrantes, pero también las transferencias que, por ejemplo, reciben los agricultores españoles de la Unión Europea dentro de la llamada Política Agraria Común.

Estas cuatro balanzas componen la llamada Balanza corriente a la que se le suma, la Balanza de capital para determinar el saldo final  de la Balanza de pagos.

  • Balanza de capital: Está compuesto fundamentalmente por las transferencias de fondos que tiene como destino invertir en bienes de capital. Normalmente recogen relaciones entre Administraciones y en el caso español en particular el saldo positivo se explica sobre todo por las transferencias de los distintos Fondos europeos destinados a financiar infraestructuras en nuestro país.

Una declaración de independencia (Parte II)

Una declaración de independencia (Parte II)


Una declaración de independencia

Esta semana nuestra prima de riesgo ha alcanzado de nuevo los 500 puntos básicos. Con frases así nos desayunamos un día sí y otro también al ojear el periódico o mirar distraídamente el telediario. Recordamos con melancolía aquellos años, no tan lejanos, en que un titular como ese no nos decía nada. Pero las cosas han cambiado, son tiempos duros y apenas quedan espíritus no contaminados que desconozcan lo que significa: que la situación financiera de nuestro país es muy delicada y que cada vez nos resulta más difícil conseguir que nos presten dinero. Mientras que el Estado alemán logra préstamos a 10 años al 1,5 por ciento de interés, el español tienen que ofrecer un 6,5% para el mismo plazo, es decir, un 5 por ciento de diferencia, 500 puntos básicos más.

Se habla mucho del pinchazo de la burbuja inmobiliaria, del “agujero del ladrillo” en los balances de los bancos, para explicar la crisis de confianza que padece nuestra economía. Pero con ser importante y duradero en el tiempo, el desplome de la construcción no deja de ser una manifestación coyuntural de problemas más estructurales. Algo así como un pico de fiebre. Para explicar la profunda desconfianza que despertamos en estos momentos, tenemos que ganar algo de altura y localizar focos de fuego más principales.

Hace unas semanas, el gobierno argentino decidió expropiar la petrolera local YPF a su hasta entonces propietario, la empresa española REPSOL. Las imágenes de Cristina Kirchner anunciándolo entre lágrimas de rabia y emoción dieron la vuelta al mundo. Y las de su viceministro económico Axel Kicillof (autor por cierto de un estupendo libro sobre Keynes que acaba de publicarse en España), en mangas de camisa, joven y guapo (demasiado tal vez), explicando, entre ministros encorbatados y silentes,  las razones de la expropiación, además de consagrar a una estrella emergente (el propio Axel), sirvieron para colocar en el centro del debate político y económico el principio de soberanía, que es lo mismo que decir de independencia.

Porque lo que consiguió Argentina con su polémica decisión fue ganar independencia en uno de los sectores claves en esta economía globalizada que nos toca padecer, el de la energía. Y de rebote, como si de una carambola de billar se tratara, también en el otro mercado que vertebra la economía mundial, el mercado de capitales. El gobierno argentino expropió YPF, según Kirchner/Kicillof, porque resultaba inadmisible que un país como Argentina, con grandes yacimientos de hidrocarburos no estuviera sacando más partido a su balanza energética. Esto es, que no tenía sentido que tuviera que importar productos petrolíferos cuando contaba con recursos suficientes dentro de sus fronteras. Y como la culpable principal de que esto estuviera pasando, era la gestión de REPSOL, la expropiación se había convertido en una necesidad nacional.

Podríamos pensar que, con una decisión así, Argentina ha ganado independencia energética, pero que lo ha hecho a costa de perjudicar gravemente su acceso a los mercados de capitales. ¿Quién va a invertir a partir de ahora en un país en el que el gobierno es capaz de actuar de forma tan expeditiva contra empresas extranjeras? Estaría mejorando por tanto su control sobre sus recursos, pero a cambio vería alejarse esos otros recursos, los financieros, con los que no cuenta y que le son igualmente imprescindibles.

Pero esta conclusión quizá sea precipitada, o al menos, cortoplacista. Sigamos el movimiento de las bolas de billar sobre el verde tapete. Parecería que la bola blanca se dirige al agujero que marca el fin de la partida, pero algunos están viendo en realidad (entre ellos, las dos Ks) que se dirige en realidad, lenta pero segura, a golpear también la bola de la independencia financiera. El cálculo que estaría haciendo el gobierno argentino sería el siguiente: si recuperamos el control sobre el petróleo, si aumentamos los niveles de producción y de exportación, conseguiremos aumentar el superávit comercial. Y como el superávit, significa comprar menos fuera de lo que se vende fuera, eso implica entrada de divisas en el país. Y para los prestamistas internacionales, para los fondos de inversión y de pensiones extranjeros ¿qué resulta más importante a la hora de invertir en un país: la confianza en sus instituciones o la sostenibilidad de su economía? ¿Qué su gobierno se comprometa a no devaluar o a no expropiar, o que se acumulen divisas en su banco central?

Hemos acabado hablando de Argentina, cuando nuestra intención inicial era aportar luz sobre la crisis en nuestro país. Pero veremos la próxima semana que el problema económico en España necesita una aproximación similar. Que todo se limita a recuperar la independencia perdida. Del petróleo (y la expropiación de REPSOL constituye la metáfora perfecta) y de los mercados financieros.

La economía del Sur

Ojear un mapamundi es un entretenimiento perfecto para la tarde del domingo. Como ordenar libros o construir una maqueta. Con un mapa delante, al pasear la vista sobre las formas y los nombres de mares, montañas o ciudades, disfrutamos del placer reposado de reencontrarnos con aquello que una vez supimos bien, con viejos amigos del pasado. Las sinapsis neuronales se nos van encendiendo intermitentemente como las luces de un rascacielos en medio dela noche. Esa misma noche que acaba sorprendiéndonos cuando, tras unas cuantas horas de ensimismamiento, levantamos la vista del libro. Una forma estupenda de vencer una melancólica tarde de domingo más.

Fue en una velada así cuando me surgió la inspiración para este artículo. Una tarde de domingo de hace meses, un mapa me recordó algo que había olvidado: que el sur comienza en realidad muy al norte. Con el mapa de la Tierra delante y tomando como referencia la línea del Ecuador, comprobé que la mayor parte de colores distintos al azul del mar se apelotonaban en el hemisferio norte. África, por ejemplo, se despliega desde el paralelo 35, es decir, 35 grados norte desde el Ecuador. China e India se localizan íntegramente en el hemisferio septentrional. Por tanto, el Sur geopolítico, la metáfora del mundo empobrecido, arranca en realidad desde del norte geográfico del planeta.

Esto, además de una curiosidad simpática para comentar entre amigos, constituye una magnífica noticia. Nos dice que la práctica totalidad de los países de menor renta per capita se localiza en el llamado cinturón solar, la región de la Tierra sobre la que el sol envía mayor cantidad de energía en forma de fotones.

Quizá sean pocos los que sepan que la electricidad fotovoltaica, la electricidad procedente del sol, ya es viable económicamente enla Península Ibérica. Queel precio de los kWh que nos proporcionan los paneles solares en Albacete, Madrid o Faro es ya más barato que lo que nos cobra la compañía eléctrica. Han bastado los últimos cuatro años para conseguir dividir su precio por tres y eso es sólo el principio, porque a la reducción de costes le queda todavía mucho recorrido durante los próximos años. En la actualidad hay proyectos en marcha que pretenden montar grandes instalaciones fotovoltaicas en Murcia o Extremadura, dispuestas a competir en precio con las centrales nucleares o térmicas.

Pues bien, resulta que España y Portugal, los países con mayor recurso solar del continente europeo se encuentran fuera del cinturón solar, justo por encima de los 35 grados norte y, por tanto, muy lejos de los mejores emplazamientos para producir electricidad fotovoltaica. Esas localizaciones privilegiadas pertenecen a países del Sur, todos más cerca del Ecuador que España y Portugal. Eso significa que los países empobrecidos, sin distinción de territorios y sin depender de la lotería de los yacimientos de petróleo y gas, tienen a su disposición energía barata, limpia e ilimitada. Una fuente energética que además no necesita de enormes inversiones para entrar en funcionamiento: no es preciso construir enormes centrales, ni redes interminables antes de dar servicio al primer usuario. Basta con cuatro paneles encima de un tejado, para que, en una vivienda o industria, dispongan inmediatamente de electricidad. Es decir, el Sur puede nacer al mundo de la energía, haciendo bien las cosas desde el principio. Sin modelos centralizados, ni oligopolios, sin dependencias y limitando al máximo el impacto medioambiental de su desarrollo material.

Lo único que queda por resolver entonces se resume en una pregunta: ¿cómo financiamos todo esto? Porque sabemos que el recurso natural está ahí, en abundancia, esperando ser aprovechado, pero para poder sacarle partido y ponerlo a disposición de los países más pobres del mundo, necesitamos comprar e instalar paneles fotovoltaicos que, aunque han bajado mucho de precio, siguen estando fuera de las posibilidades de estas economías.

Attac y otros movimientos sociales llevan años luchando por conseguir que se impongan tasas a los movimientos de capital, como una forma de embridar la destructiva economía de casino en que se ha convertido el capitalismo, pero también como fórmula para recaudar fondos para la ayuda al desarrollo. Existe, sin embargo, una alternativa de financiación, con la que además lograríamos incluso que se sintieran cómodos los más acérrimos defensores del mercado. La idea es sencilla. Se trata de poner en valor, de poner precio al derecho a contaminar. Es decir, llevar hasta sus últimas consecuencias los mecanismos puestos en marcha en Kioto, asignando derechos de contaminación iguales para todos los ciudadanos del planeta. Porque si la Tierra sólo puede asimilar un determinado número de toneladas de gases, lo lógico, lo justo es que ese derecho a emitir sea idéntico para el keniata y el norteamericano. A partir de ahí el cálculo es sencillo: se divide el total de toneladas máximo que soporta la biosfera entre todos los ciudadanos del mundo, con lo que los países desarrollados estarían obligados a transferir ingentes fondos al resto de países, a los que comprarían el derecho a lanzar CO2 a la atmósfera. Y con todos esos fondos, es decir, adquiriendo esos legítimos derechos de propiedad de los pobres del mundo, lograríamos el dinero necesario para difundir las tecnologías energéticas limpias entre los países pobres, al tiempo que desincentivaríamos las tecnologías sucias entre los países que aún no cuentan con sistemas energéticos mínimamente fiables. Como vemos, la economía del sol constituye una enorme oportunidad de poner la economía al servicio del Sur, del desarrollo de aquellos a los que hemos condenado a la pobreza.

Mario Sánchez-Herrero Clemente, Periódico "es Hora"

Artículo de Mario Sánchez-Herrero Clemente en la edición del viernes 25 de mayo del periódico nacional “es Hora”

Renovables III. Fotovoltaica y déficit de tarifa

EN SHOCK. EL RDL 1/2012

Desde el pasado 27 de enero de 2012, con la aprobación del RDL 1/2012, el sector de las energías renovables está en shock. Para el Gobierno, el problema de déficit de tarifa ha pasado a ser el único problema del sector energético español y se hace necesario tomar medidas por la vía de urgencia. Y, por supuesto, a la hora de tomar medidas, lo lógico es empezar por el eslabón más débil: cuestionar los ingresos de las grandes eléctricas llevará algo más de tiempo..

A la fotovoltaica (quizá más que a otras tecnologías) le queda al menos la esperanza del autoconsumo con balance neto, es decir, la posibilidad que se le abre al pequeño consumidor de autoproducir su propia electricidad, bajo la novedosa modalidad de compensar sus excesos de producción en determinados meses del año con su mayor consumo en los meses de menor radiación.

Sucede sin embargo que esta modalidad, pensada inicialmente para la microproducción (pequeñas instalaciones de entre 2 y 3 kW de potencia sobre el tejado de, por ejemplo, una vivienda unifamiliar), no resulta aún viable económicamente. Los coste fijos, en los que se incurre sea cual sea la potencia de la planta fotovoltaica, hacen que el precio por vatio en instalaciones tan pequeñas sea excesivo para una retribución que se limita al precio minorista de venta de electricidad, la tarifa de último recurso (TUR). Leer Más…

Renovables II. Fotovoltaica: la propuesta

“Sabemos que el futuro de la fotovoltaica reside en el autoconsumo. Estamos cerca de conseguir el objetivo, que hasta hace no mucho parecía un sueño, de que la electricidad procedente de nuestros paneles sea más barata que el precio que nos cobre en su momento la compañía eléctrica de turno.

El RD 1578/2008 estableció un mecanismo muy razonable de fomento de las energías limpias, según el cual el precio al que se vendían los kWh de las nuevas instalaciones iba a ir reduciéndose, acompasándose a la propia caída en el precio de las instalaciones. Proporcionaba al sector un mecanismo de adaptación paulatino con el que lograr, en un plazo muy corto de tiempo, la viabilidad económica de las energías limpias sin ningún tipo de apoyo.

Con la moratoria aprobada en el último Consejo de Ministros, desaparecen los incentivos a las renovables y se condena también a la desaparición a buena parte de un sector económico pujante.

Se necesita por tanto una alternativa al mecanismo de las primas decrecientes que permita sobrevivir a las empresas de instalaciones fotovoltaicas, sin que suponga un sobre coste al sistema.

Y la ventaja es que estábamos ya tan cerca del autoconsumo, que se necesita muy poco para hacer viable la alternativa.  Leer Más…